lunes, 12 de enero de 2015

Jacinto en el alba





Verde y pequeño, entre espadas,
jacinto, tu flor abrasa.
Mis pies van buscando tierra.
Todo el jardín es estrella
de la noche, en que la hoguera
de tu flor tierna naufraga.

Que, aunque pequeña, entre espadas,
jacinto, tu flor abrasa.
Yo estoy, como tú, cautivo
de aroma. Tu aroma sigo...
Y, como tú, en él me olvido,
humilde marfil en llamas...

Que, aunque pequeño, entre espadas,
jacinto, tu flor abrasa.
Diminuto, en ti me quedo
temblando, en el blando fuego
que, en invertidos luceros,
de tu corola derramas.

Que, aunque pequeña, entre espadas,
jacinto, tu flor abrasa.
Como tú, al nacer, no olvidas
el suelo y hasta él inclinas
tu olor y nieve, fl or cándida,
en él mi desmayo salvas.
Y aunque pequeña, entre espadas,
jacinto, tu flor abrasa.

Y, en ti, contigo, hallo tierra.
Y de nuevo en la alameda
la estrella luce entreabierta
mientras el surtidor canta:
–Verde y pequeño, entre espadas,
jacinto, tu flor abrasa

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